“No somos los dueños del mundo ni tenemos autoridad para dirigir a los gobiernos o a las fuerzas de seguridad. Somos una organización deportiva”.

Gianni Infantino

Esta semana en el mundo:

  • 🏟️ El mundo detrás del Mundial

  • 🏆 Un Mundial a la medida… ¿De quién?

  • ⚽️ La FIFA en la primera fila

  • 🌎 MUNDO MIX

  • 🗓️ Agenda

El mundo detrás del mundial

Imagen | Hector Vivas

3 países, 16 sedes, 48 selecciones y cientos de polémicas marcan el inicio del Mundial 2026, la gran fiesta del fútbol que reúne a todo el planeta para celebrar una misma pasión. Para esta oportunidad, la pelota tiene el desafío de saltar fronteras cada vez más altas.

En tiempos de guerra y polarización, el Mundial no está exento del contexto actual. Con sede en Estados Unidos, el torneo generó incertidumbre desde el minuto uno a raíz de la severa política migratoria de Donald Trump.

En medio de la persecución masiva de indocumentados y las estrictas barreras para ingresar al país, tener que viajar a Estados Unidos para vivir el Mundial se convirtió en una misión casi imposible.

Pero la administración Trump no se limitó a crear un colador migratorio para los fans, la guerra en Medio Oriente ha complicado la trayectoria del equipo iraní que, al serle negada la llegada a Estados Unidos, la FIFA tuvo que reubicarla a último momento en México.

Esta misma fue también blanco de críticas por presentar otra barrera: los exorbitantes precios de las entradas. Esto ha provocado la indignación de muchos hinchas que acusan a la FIFA de convertir el fútbol en un producto de “alta gama”.

Aun así, ninguna figura desaprovecha la oportunidad que representa el Mundial para sus intereses particulares. Trump, por ejemplo, utiliza el torneo para exponer cómo “hizo a América grande otra vez”.

Otros Gobiernos, como el de Claudia Sheinbaum, lo proyectan como un caso de éxito del México de la “Cuarta Transformación”. Aunque la exposición también hace emerger los asuntos locales, como las multitudinarias marchas de la CNTE y las madres buscadoras.

A pesar de todo esto, nadie quiere perderse la fiesta del fútbol, un deporte que podrá ser universal, pero que las condiciones para vivirlo, no tanto.

— Axel Olivares

Un Mundial a la medida… ¿De quién?

La Copa Mundial de la FIFA es, sin duda, el evento deportivo por excelencia. A lo largo de casi un siglo ha logrado atravesar diversos desafíos, fronteras, culturas, religiones e intereses políticos. Sin embargo, la edición 2026 hace que nos planteemos una pregunta inevitable: ¿estamos ante un Mundial pensado para el fútbol o para los intereses de quienes lo organizan?

Para entender la premisa abordaremos tres grandes dimensiones, siendo la primera de ellas la económica. El Mundial 2026 será el más grande de la historia. La ampliación de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos fue presentada por la FIFA como una oportunidad para extender la representación global del fútbol. Más allá de esa “buena intención”, lo cierto es que este aumento implica mayores ingresos por derechos televisivos, patrocinadores y actividad económica asociada al torneo.

Nada de ello resulta objetable en sí mismo. El problema aparece al observar que, en una organización conjunta entre tres Estados, 78 de los 104 partidos se disputarán en Estados Unidos, implicando ello que la mayor parte del impacto económico recaerá en Washington. Sabiendo esto, la expansión del torneo ya no parece responder tanto a fines filantrópicos sino a la del negocio.

La ampliación, además, implica la inserción en nuevos y más grandes mercados de espectadores. Un “incentivo” extra podría bien haber sido la posibilidad de que los dos gigantes asiáticos, China e India, clasificaran a la cita mundialista, teniendo de frente dos mercados masivos de televidentes. Aunque lo cierto es que ninguna de ellas estuvo siquiera cerca de clasificar y la organizadora del evento tuvo serios problemas para vender los derechos de emisión en aquellas latitudes.

Las críticas no se limitan únicamente al plano económico. Para muchos aficionados, esta Copa refleja también un evidente impulso para adaptar el fútbol a la cultura deportiva estadounidense. La incorporación del espectáculo de medio tiempo en la final del torneo, una tradición propia del fútbol americano, ha sido recibida con gran rechazo por quienes consideran que altera la esencia histórica del juego.

Algo similar ocurre con las pausas de hidratación. Aunque puedan justificarse en determinadas condiciones climáticas, lo cierto es que su motivo real es que con ellas se generan nuevos espacios para la publicidad y el entretenimiento. De este modo, elementos característicos del deporte-espectáculo norteamericano se abren paso dentro de un deporte que durante más de un siglo construyó sus propias tradiciones. Por lo menos aún no cambiamos el fútbol por el soccer.

Por último, el Mundial también constituye una herramienta de poder. Estados Unidos lo sabe, y no se ha quedado atrás en materia de mostrar e imponer sus lógicas de poder. Situaciones como la detención del arquero iraquí,  la expulsión del fotógrafo del mismo equipo, la prohibición de ingreso al país de un árbitro somalí o las restricciones impuestas a los simpatizantes congoleses. 

Además no deja de llamar la atención que, mientras se dispute la Copa del Mundo, los ataques entre Estados Unidos e Irán no cesen y se recrudecen. Dependiendo ciertos resultados podría darse la particularidad de que ambos países se enfrenten cara a cara en ronda de eliminación al mismo tiempo que a miles de kilómetros se den ataques verdaderos.

Este último punto también debe hacernos reflexionar sobre la vara con la que se miden ciertos actos en el plano internacional. Por un lado, la Federación Rusa se encuentra suspendida de absolutamente todas las competencias deportivas desde inicios del 2022. Por el otro, Estados Unidos acoge el mayor evento deportivo y se prepara de cara a los JJOO de Los Angeles 2028.  

En ese sentido, la Copa de 2026 ofrece a Estados Unidos una plataforma privilegiada para consolidar su centralidad económica, tecnológica, política y cultural ante miles de millones de espectadores.

Más allá de lo que ocurra dentro de la cancha, el torneo evidencia una realidad más amplia: el fútbol ya no es solamente un deporte. Es también un espacio donde convergen intereses económicos, culturales y geopolíticos. Por eso, frente al Mundial más grande de la historia, cabe preguntarse: ¿A la medida de los intereses de quién está hecho el Mundial? La solución parece ser una sola: el Mundial hecho por, para y a la medida de Estados Unidos.

— Francisco Sanchez Giachini

Geopolítica Ilustrada

Emad Hajjaj (Abu Mahjoob)

La FIFA en la primera fila

“Dai” “Dai” o “vamos” “vamos", en italiano, fue la frase con la que Shakira inmortalizó la inauguración Mundial de 2026 en el Estadio Azteca de la Ciudad de México. Sin embargo, detrás de la fiesta futbolística, se consolida otro fenómeno menos visible: el ascenso de la Fédération Internationale de Football Association como un actor internacional

¿Por qué el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ocupa espacios tradicionalmente reservados al poder estatal? Desde la perspectiva de Susan Strange, el poder no consiste únicamente en obligar a otros a hacer algo, sino en tener acceso privilegiado a los espacios donde se toman decisiones. Entonces, el hecho de que Infantino participe en cenas de Estado, visitas diplomáticas o reuniones reservadas al círculo presidencial revela que la FIFA ha acumulado un capital político extraordinario para una organización privada.

En este sentido, y considerando un orden en transición donde las reglas tradicionales se erosionan, la trayectoria reciente de la FIFA muestra que ciertas organizaciones transnacionales han adquirido recursos de poder que les permiten actuar como actores relevantes de la política internacional. La capacidad de movilizar audiencias globales, administrar eventos de enorme impacto económico y ejercer influencia sobre gobiernos ha convertido a la FIFA en mucho más que una entidad deportiva. Incluso, ha logrado negociar cuestiones migratorias y acceder al Despacho Oval con más facilidad que cualquier otro líder extranjeros. De ello resulta evidente que el poder global ya no se encuentra exclusivamente en manos de los Estados o está, al menos, compartido.

Esta cercanía alcanzó uno de sus puntos más controvertidos cuando Infantino impulsó la creación del Premio FIFA de la Paz y otorgó su primera edición a Donald Trump, una decisión que generó críticas dentro de la propia organización y reavivó el debate sobre los límites de la neutralidad política que la FIFA dice defender. Pero, según el New York Times, esta característica revela grietas. Si el éxito de un Mundial depende de la relación personal entre el presidente de la FIFA y el primer mandatario de Estados Unidos, entonces el fútbol deja de ser solamente deporte y se convierte en una plataforma de influencia internacional.

En definitiva, la presencia de Infantino en ámbitos reservados históricamente a los jefes de Estado no constituye una anomalía, sino una manifestación de las transformaciones del poder en el sistema internacional contemporáneo ¿Seguirán los espacios clásicos del poder abriéndose a actores no estatales o asistiremos a un retorno del protagonismo exclusivo de los Estados?

— Candela Molina

  • El argentino que salió: de la pobreza: “Ahorramos en negro, como la mayoría de argentinos”, dijo el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, tras “olvidar” blanquear medio millón de dólares. Esa fue la justificación tras presentar su declaración jurada e intentar cerrar el escándalo que protagoniza desde hace tres meses.

    transacción. Así, la restricción busca generar mayor presión contra Cuba. 

  • Fujimori a la cabeza: Con el cierre de actas de la ONPE, Keiko Fujimori alcanza el 50.002% de la votación, superando por un margen mínimo a Roberto Sánchez, con el 49.998%. Pese al anuncio, el proceso continúa pendiente de la resolución de actas impugnadas por el JNE, mismas que podrían reconfigurar el resultado electoral. 

  • Sin paz en Irán: Donald Trump anunció la cancelación de ataques contra Irán, planeados para la noche del jueves 11; asimismo, aseguró que se han logrado conversaciones de paz con “últimos detalles” aprobados por ambas partes, con el fin de calmar a los mercados. Por su parte, Irán ha negado la existencia de un memorando de entendimiento con Washington. 

  • Ya viene El (Super) Niño: Científicos de Estados Unidos advierten el inicio del fenómeno de El Niño, en el Pacífico ecuatorial. Las previsiones apuntan que este año se registrará con mayor intensidad el fenómeno climático, mismo que impactaría drásticamente las temperaturas, el suministro de alimentos y la economía global. 

  • ¿No más T-MEC?: Nuevamente, Trump amaga contra el comercio, esta vez contra Norteamérica. El presidente estadounidense expresó su descontento por el tráfico terrestre de drogas desde México, y anunció que podría no renovar el T-MEC. En sus palabras, “a Estados Unidos le va mucho mejor” sin el acuerdo y no necesita de Canadá ni de México, por lo que exigió un mejor trato de sus socios comerciales.

  • Antes de Maradona, Kempes (14 de junio de 1978): Argentina llegaba a Rosario para enfrentar a Polonia en la segunda fase del Mundial como local. Ese día, Mario Alberto Kempes interceptó con la mano una pelota que se colaba en el arco de Fillol, evitando el empate polaco luego de la derrota contra Italia. Luego, el mismo Kempes sentenció el partido con el 2-0. Era el primer escalón hacia el título. 

  • Márgenes históricos (15 de junio de 1982): Hungría goleó a El Salvador 10-1 en España, marcando el mayor margen de victoria en la historia de los Mundiales. Además, el jugador László Kiss completó el hat-trick más rápido en apenas 7 minutos, un hito nunca antes visto. Detrás del marcador había otra guerra… El Salvador llevaba dos años en una guerra civil que terminaría con cien mil muertos.

  • La final antes de la guerra (19 de junio de 1938): Italia derrotó a Hungría 4-2 y se convirtió en el primer equipo en ganar dos Mundiales consecutivos. Era el último torneo antes de la Segunda Guerra Mundial, interrumpido durante doce años. Antes de la final, Mussolini les envió un telegrama a los jugadores que decía: "Vincere o morire". El arquero húngaro, posterior a la derrota, expresó: "Me han metido cuatro goles, me he quedado sin la copa, pero al menos he salvado once vidas”.

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