“Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el pellejo. Ahora todo el mundo te odia, a ti y a Israel”.
Esta semana en el mundo:
🇺🇸🇮🇷 Hablar de paz, hacer la guerra
🇷🇺🇺🇦 ¿Guerra de egos?
🇺🇳 Nuevos miembros, vieja parálisis
🌎 MUNDO MIX
🗓️ Agenda

Hablar de paz, hacer la guerra

Ilustración | Julia Wytrazek
Difícil explicar una historia con más de una versión. Más difícil aún cuando se contradicen.
Trump aseguró que las conversaciones avanzan e incluso elogió al líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, a quien dijo que le gustaría conocer.
La repentina simpatía hacia Teherán contrastó con su furia contra Benjamín Netanyahu, luego de que Israel desplegara un operativo en territorio libanés más allá del río Litani, una de las últimas líneas rojas vigentes en Líbano.
La acción, que dejó un hospital destruido, dos muertos y la bandera israelí flameando en el Castillo Beaufort, desató la ira de Trump. “¿Estás jodidamente loco?”, le habría dicho a Netanyahu.
El primer ministro restó importancia al episodio y sostuvo que ambos países siguen compartiendo “objetivos estratégicos”.
Washington intervino con un alto el fuego entre Beirut y Tel Aviv, pero no logró lo mismo con Teherán, que advirtió que un nuevo ataque sobre Líbano provocaría una “escalada sin precedentes”.
— Para Trump, el incidente fue apenas una mancha menor en negociaciones que, según él, “van muy bien”.
— Para Irán, en cambio, esas conversaciones ni siquiera existen. El canciller Abbas Araghchi afirmó que “no existe un proceso formal de negociación en curso entre Irán y Estados Unidos”.
Mientras tanto, la guerra ofrece menos ambigüedades. Estados Unidos atacó la isla de Qeshm en respuesta a ofensivas contra buques en la zona. Irán respondió golpeando intereses aliados en Kuwait y Bahréin.
Aun así, la palabra sigue guiando el conflicto. Pero ¿la de quién? ¿La de Trump, que intenta recomponer su vínculo con Netanyahu mientras elogia el diálogo con Teherán? ¿La de Irán, que niega esos contactos? ¿La de Marco Rubio, que aseguró ante el Congreso que la guerra ya terminó? ¿O terminará la guerra este fin de semana, como insinúa Trump? Sobran versiones; faltan pruebas.
— Axel Olivares
¿Guerra de egos?
Si pensamos en el uso de drones y misiles en la guerra ruso-ucraniana, sería difícil definir una fecha u operación específica, pues se han vuelto la norma en los intercambios entre ambos bandos; podríamos hablar de casi cualquier día. Sin embargo, el panorama para Rusia parece empeorar, aun cuando la guerra se haya estancado.
A inicios de la semana, Rusia lanzó un ataque balístico nocturno contra Kiev, obligando a más de 41 mil civiles a refugiarse en el metro subterráneo de la capital ucraniana. La cifra fue considerada una de las más altas y el ataque, uno de los más masivos de toda la guerra. Para el miércoles, Kiev respondió con el lanzamiento de más de 350 drones hacia Moscú y San Petersburgo, la mayoría interceptados, según el Kremlin; aunque los daños fueron evidentes en ambas capitales históricas y la cumbre del Foro Económico Internacional de San Petersburgo quedó opacada.
Aunque el intercambio balístico no es una novedad para Moscú, el costo de la guerra empieza a corroer el iceberg ruso: el gasto militar se está volviendo insostenible, al acaparar el 40% del PIB nacional. A pesar de los recortes y los incentivos económicos, tanto la billetera como el frente militar comienzan a quedarse sin respaldo.
Sin embargo, Putin aseguró en el principal foro económico de Rusia, en San Petersburgo, que la guerra en Ucrania solo terminará cuando se cumplan los objetivos de Rusia:
“No le veo sentido a reunirnos (con Zelensky). Solo tendría sentido para la parte ucraniana detener el avance de nuestras fuerzas armadas. Eso es todo”.
Sin resultados concretos con Estados Unidos, las afirmaciones de Vladimir Putin sobre el fin inminente de la guerra y, ahora, la comparación de la Unión Europea con el regreso de la Alemania nazi, el panorama no parece prometedor para la Federación de Rusia. Aunque la pregunta sigue siendo: ¿para quién sería realmente el fin de la guerra? ¿Para Rusia?
— Iker Escobar León
Geopolítica Ilustrada

Nuevos miembros, vieja parálisis

Imagen | Angela Weiss
Cada junio, la Asamblea General de Naciones Unidas elige cinco nuevos miembros no permanentes para el Consejo de Seguridad. Lo que uno imaginaría como una carnicería diplomática para llegar al órgano más poderoso del sistema, suele ser, en la práctica, un trámite. Las candidaturas se negocian con anticipación, los contrincantes se bajan antes de llegar a la sala, y la votación funciona como un protocolo solemne.
En la jornada del 3 de junio, aun así, hubo notas distintas. La más llamativa fue la batalla en Asia-Pacífico entre Kirguistán y Filipinas. Cuatro rondas hicieron falta para que Kirguistán alcanzara los 2/3 y sellara, por primera vez en su historia, un asiento en el Consejo.
En Europa Occidental, la sorpresa fue la eliminación de Alemania, quién quedó tercero con 104 votos frente a 134 de Portugal y 131 de Austria. Una derrota que dice algo sobre el capital diplomático alemán. Trinidad y Tobago y Zimbabue, en cambio, llegaron solos, sin contrincantes.
Los cinco entrantes reemplazarán a Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá y Somalia a partir de enero de 2027. El goteo de votos no es neutro:
El bloque occidental pierde en Dinamarca un aliado disciplinado y lo reemplaza con Austria y Portugal, socios más matizados.
El eje Moscú-Pekín gana en Kirguistán un socio más predecible que Pakistán y en Zimbabue una voz africana poco amiga de las resoluciones estadounidenses.
Trinidad y Tobago completa el cuadro al reemplazar a Panamá: demasiado pequeño para la confrontación, demasiado caribeño para alinearse con Washington.
Toda esta lectura tiene un límite. El Consejo es, ante todo, el club de los cinco vetos. En un órgano donde una sola potencia puede bloquear lo que catorce aprueban, estudiar a los no permanentes es decorativo. A eso se le suma un unilateralismo creciente que directamente vuelve inerte al organismo. La seguridad colectiva funciona perfecto, salvo cuando la amenazan los mismos que tienen el veto.
— Juan Esteban Maggi

Xi visitará Corea del Norte: Por primera vez en 7 años, el líder chino viajará el lunes a Pyongyang a reunirse con Kim Jong-un con el fin de restablecer las relaciones. El timing no es casual: un día antes, Corea del Norte mostró una nueva planta de enriquecimiento de uranio.
Fujimori vs. Sánchez: Este domingo Perú elige presidente en balotaje. Keiko Fujimori enfrenta a Roberto Sánchez, heredero político de Pedro Castillo, en una segunda vuelta con la menor adhesión histórica: juntos apenas sumaron el 29% en primera vuelta.
"Albania no está en venta": Miles marchan hace días contra dos megaproyectos turísticos de lujo de Ivanka Trump (hija del hombre naranja) y Jared Kushner en zonas costeras protegidas. Los manifestantes tiraron vallas y se enfrentaron con guardias privados que bloqueaban el acceso a las playas.
Paren la pelota: A una semana del inicio del Mundial en México, la CNTE paraliza Ciudad de México con bloqueos y protestas reclamando aumentos salariales. Los manifestantes ya tiraron estatuas mundialistas en el Paseo de la Reforma mientras Sheinbaum no se reúne con ellos.
Un femicidio cada 31 horas: Tres femicidios en una semana generaron que miles marcharan el miércoles en Argentina. Buenos Aires, Córdoba y Mendoza fueron el epicentro de las masivas protestas bajo el lema "Vivas nos queremos", en coincidencia con el 11° aniversario de Ni Una Menos.

Publicación de 1984 (8 de junio de 1949): El escritor británico George Orwell publicó su novela distópica sobre un Estado totalitario que vigila, controla y reescribe la historia. Setenta y siete años después, el libro es referencia en los debates sobre poder, vigilancia y libertad de expresión.
Acuerdo de paz en Kosovo (9 de junio de 1999): En el marco de la guerra de Kosovo, Yugoslavia y la OTAN firmaron el Acuerdo de Kumanovo que puso fin a los bombardeos sobre territorio yugoslavo. El conflicto dejó miles de muertos y casi un millón de desplazados.
Nacimiento de Ana Frank (12 de junio de 1929): en Frankfurt nació la niña judía que, durante la ocupación nazi de los Países Bajos, escribió el diario que la haría conocida en todo el mundo. Luego de estar dos años escondida, fue deportada a Auschwitz en 1944 y finalmente murió en Bergen-Belsen en 1945. El Diario de Ana Frank se convirtió en uno de los testimonios más leídos del Holocausto.



