“El nacimiento de nuevos hombres y un nuevo comienzo es la acción que son capaces de emprender los humanos por el hecho de haber nacido. Esto es un movimiento, y no se puede abandonar un movimiento”.

Hannah Arendt

Esta semana en el mundo:

  • 🎊 Lo que aprendimos en 100 ediciones

  • 🗺 Más de 100 años de Relaciones Internacionales

  • 👉 Carta para un internacionalista

  • 🌎 MUNDO MIX

Lo que aprendimos en 100 ediciones

Ilustración | Aïda Amer

No, no es solo un número: En este tiempo se redactaron alrededor de 350 columnas, más de 105.000 palabras y 80 conceptos para intentar explicar que está pasando en el mundo, que cambió y donde estamos cada uno de nosotros.

Desde aquel febrero de 2024 en el que comenzó el Diplorama, el orden internacional ya estaba en crisis. La guerra en Ucrania llevaba dos años, Medio Oriente progresivamente retornaba al centro de la escena, y las tensiones entre grandes potencias marcaban el pulso de la política internacional. Pero todavía persistía una idea de que el orden global, con sus reglas e instituciones, seguía siendo el marco dentro del cual se desarrollaban esos conflictos.

Hoy, cien ediciones después, esa idea ya no resiste demasiado análisis. El conflicto y el unilateralismo dejaron de ser la excepción, para convertirse en la norma. 

Cada columna fue un intento de capturar un momento, de ordenar la coyuntura, de ponerle palabras a un mundo que se volvió progresivamente más difícil de leer. En conjunto, estas cien ediciones hacen algo más: trazan una pauta, dibujan una trayectoria.

Las guerras se prolongaron, pero lamentablemente, también se normalizaron…

  • Ucrania parece haber dejado de ser una urgencia y pasó a ser parte del paisaje caótico de la actualidad.

  • Medio Oriente escaló hasta niveles que reconfiguraron el sistema global.

  • Nuevos frentes en Asia Central, América Latina y África emergieron y lograron captar la atención de la comunidad internacional.

Al mismo tiempo, el multilateralismo perdió capacidad de respuesta y el hard power volvió a ocupar su lugar como mecanismo central de coerción.

La seguridad se posiciona, sin dudas, en el centro de la agenda internacional. La competencia entre potencias dejó de ser un marco abstracto para materializarse en conflictos concretos. La tecnología, y en particular la inteligencia artificial, se convirtió en un vector de poder crucial. Y el comercio, lejos de ser un espacio neutral de intercambio, pasó a operar como una herramienta más de presión, coerción y competencia entre Estados.

Los Diploramas más leídos ofrecen otra pista interesante. No fueron necesariamente los que abordaron los temas “más importantes” en términos tradicionales, sino aquellos que coincidieron con momentos de ruptura. Se leyó más cuando se entendió menos.

También hubo lugar para lo inesperado. Conceptos que parecían marginales, como el tecnofeudalismo, crisis geoeconómica o infraestructura crítica, se transformaron en claves para interpretar fenómenos centrales. Y algo más: lo que antes parecía periférico dejó de serlo. Conflictos olvidados, regiones fuera del foco y dinámicas aparentemente secundarias empezaron a ganar peso en la explicación del sistema internacional. Desde la caída de Nicolás Maduro, pasando por el renovado interés estratégico en Groenlandia, hasta los conflictos por minerales en África o la escalada entre Afganistán y Pakistán.

Cien ediciones después, la pregunta ya no es qué cambió: es si estamos a la altura de entender hacia dónde estamos yendo.

Hoy más que nunca, el mundo nos necesita atentos.

 Juan Esteban Maggi

Más de 100 años de Relaciones Internacionales

Hay algo reconfortante —o inquietante— en comprobar que, tras más de un siglo de teorizar sobre el sistema internacional, seguimos atrapados en discusiones más o menos parecidas. La disciplina de las Relaciones Internacionales nació en 1919 con un optimismo casi terapéutico: “si comprendíamos la guerra, podríamos evitarla”. La historia tenía otros planes.

El péndulo entre idealismo y realismo no es nuevo. En el período de entreguerras, el historiador Edward Hallett Carr advertía que las nobles promesas del liberalismo eran, en el mejor de los casos, aspiraciones; en el peor, disfraces del poder. La Sociedad de las Naciones debía reemplazar la fuerza por la deliberación. No lo logró, pero tampoco fue un intento en vano ya que preparó el terreno para la fundación de la ONU ¿Otro intento fallido? Es muy pronto para asegurarlo.

Un siglo después, el libreto suena familiar. Tras el fin de la Guerra Fría, el liberalismo volvió a proclamarse como la cúspide de la civilización: comercio, instituciones y democracias como antídoto contra el conflicto. Sin embargo, las crisis financieras, las pandemias, las guerras y la posverdad (la nueva estrella del siglo), devolvieron a escena conceptos que nunca se fueron del todo: anarquía internacional, interés nacional y equilibrio de poder.

La política internacional, como toda política, es una lucha por el poder

Hans J. Morgenthau, Política entre naciones

Lo curioso no es que el realismo regrese, sino que siempre estuvo ahí. Como disciplina, las Relaciones Internacionales han cambiado de lenguaje, de métodos y hasta de modas académicas, pero no de obsesiones. Más allá de las nuevas teorías, los datos y nuevos enfoques (globalización, ONGs, etc.), las preocupaciones son las mismas: guerra, poder, seguridad, intereses.

Quizás la verdadera constante no sea el conflicto, sino nuestra tendencia a olvidar su persistencia. Cada generación redescubre, con cierto asombro, que los Estados no son especialmente altruistas. Y así, entre promesas de cooperación y recordatorios de poder, el mundo gira alrededor de una familiaridad incómoda.

Geopolítica Ilustrada

Ilustración: Rob Dobi

Carta para un internacionalista

El mundo avanza y las relaciones internacionales también. Hace 100 años, el sistema internacional se configuraba frente a la globalización, el liberalismo y la expansión de normas democráticas. Hoy el contexto es otro. La situación ya no es más estable: es rápida, incierta y difícil de leer.

Cuando empecé la universidad, hace seis años, el principal ejemplo que usábamos para los ejercicios prácticos era la pandemia: nos ayudaba a entender la globalización y sus redes, la vulnerabilidad del sistema y el efecto que puede generar un hecho aparentemente aislado. Después llegó la invasión rusa a Ucrania y la posterior guerra, geopolítica pura. Hoy, ya siendo licenciada, los ejemplos sobran.

Los conflictos armados y sus riesgos están nuevamente en el centro de la agenda. Ya no solo hay Estados: existen actores macro y micro con capacidades de poder, potenciales y reales, en todos lados. A esto se suman nuevas dinámicas tecnológicas y de comunicación que aceleran los tiempos de decisión, y la inteligencia artificial, que empieza a redefinir las armas, la estrategia y la propia naturaleza de la guerra.

Ser internacionalista implica estar expuesto a información de forma constante, no solo a través de medios, sino también de informes, redes y vínculos. Supone manejar múltiples fuentes, procesar grandes volúmenes de datos y hacerlo en tiempo real.

También exige saber idiomas, usar nuevas tecnologías y tener la capacidad de moverse entre distintas disciplinas: historia, geografía, ciencia política, derecho internacional y economía política. En un sistema anárquico y con alta incertidumbre, la capacidad de análisis es central.

¿Parece mucho? Lo es. Pero también tenemos más herramientas para analizar esa realidad. Siempre estamos a un clic de acceder a teorías, libros y artículos como nunca antes. Los conceptos que antes podían tardar semanas en aparecer para ordenar la realidad, hoy están a la orden del día en una competencia en la que los más acertados logran avanzar. No solo eso: también estamos a un paso de conectar con otros internacionalistas o profesionales, individuos y comunidades que están analizando lo que pasa en el mundo.

Más allá de la complejidad, el tiempo invertido vale la pena. Estar preparados para analizar el mundo actual no solo nos interesa: nos define. Somos traductores del sistema internacional. Lo hacemos porque nos apasiona, pero también porque el mundo siempre nos necesita atentos.

— Candela Mascetti

  • Victoria para Argentina: un tribunal de apelaciones de EE.UU. revocó el fallo que la obligaba a pagar u$s16.000 M a ex accionistas de YPF. Las acciones de Burford Capital, que financió la demanda, se desplomaron hasta 54%. Milei celebró el fallo en X por haber logrado el “mejor escenario posible”.

  • La crisis energética más severa desde los '70 —y posiblemente peor. El cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto entre EE.UU., Israel e Irán frenó el 20% del suministro global de petróleo: unos 10 M de barriles diarios quedaron fuera del mercado. El Brent rozó los u$s126. La AIE lo califica como peor que ambos shocks de los '70 combinados. ¿Recesión global a la vista?

  • Diplomacia a contrarreloj: Egipto, Pakistán y Turquía se ofrecen como mediadores entre EE.UU. e Irán. Trump afirma que hay negociaciones en marcha, mientras Washington presentó un plan de paz de 15 puntos que Teherán consideró “excesivo”.

  • Hito legal contra las big tech: un jurado de Los Ángeles falló que Meta y Google construyeron a propósito plataformas adictivas que dañaron la salud mental de Kaley, hoy de 20 años. Deberán pagarle u$s6 M —Meta el 70%, Google el 30%—. El fallo podría impactar cientos de casos similares en EE.UU.

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